lunes, noviembre 26, 2007

Críticas a Espectador Invisible (y san se acabó)

Para terminar con el tema del libro dejo aquí el prólogo, algunas de las críticas y links de páginas con críticas a mi libro (en un post muy parecido al que Josué hiciera sobre las críticas a Galletitas de limón (you can call me plagiary, lil' Josh)). Pondría también algo del "fan mail" recibido en estos meses, pero necesitaría la autorización de sus autores para reproducir tanta "propuesta indecorosa" jajaja, : P

Sin más preámbulo aquí van:

Posibles claves de Espectador invisible
(Para leer, mejor, después de los cuentos)
Prólogo de Manuel Prendes

Seres enjaulados que no son siempre pájaros, ciudades devoradas por las dunas, asesinos con y sin conciencia, amenazas monstruosas... son algunas de las formas que adoptan las fabulaciones de Ángel Hoyos en este su primer libro de cuentos. No creo traicionar a los textos ni a su autor si advierto acerca de lo misterioso, lo inquietante y hasta truculento que invade la mayoría de sus historias. Diría que sus tramas brotan de un suelo abonado por la ya clásica narrativa de horror, impresa o bien filmada, junto con las propias maldades que aumentan nuestra experiencia cotidiana o anidan en las pesadillas del poeta.
Por supuesto, todas las formas diferentes que adoptan la decadencia y la destrucción en Espectador invisible responden a algo más que al objetivo de angustiarnos. Debe existir una cifra que dé aliento a este conjunto de relatos dispares, en los que hay algún oportuno y bien dosificado respiro humorístico. Si se me permite proponer una clave –discutible- de reflexión sobre el libro, pensaría en la de un tema viejo como la propia literatura. Bilbo Bolsón, uno de los héroes de nuestro cuentista, descubrió que el tiempo era la respuesta a un antiguo acertijo: “Devora todas las cosas: (...) mata reyes, arruina ciudades / y derriba las altas montañas”. “Además de amistades, matrimonios, familias, cuerpos y juventudes...”, parece añadir Ángel Hoyos, en formas al gusto de un narrador joven en una época cansada (¿o tal vez estresada?). Una época pretendidamente vitalista en la que muchos no hallan cosa en que poner los ojos, como escribió Francisco de Quevedo hace cuatro siglos, que no sea recuerdo de la muerte.
¿Y quién pone esos ojos? ¿Y quién es o quiénes son, dónde está o están los espectadores invisibles? Son otra presencia que se extiende de formas múltiples dentro del libro, porque así debe ser en la misma literatura. Unos son invisibles porque narran –o leen- desde un mundo distinto al de las zarandeadas criaturas de ficción. Otros invisibles lo son sólo para algunos personajes, fuerzas despiadadas y extrañas a su mundo, o cuya propia evidencia las hace, como observara Chesterton, inapreciables a nuestros ojos. La atenta mirada del cuentista, en este caso, nos ayuda a descubrir nuevas presencias que tras la lectura nos acompañan de vuelta a la realidad. Esperemos que con alivio y sabiduría, esperemos que también sin amargura.

Manuel Prendes
Piura, 17 de septiembre de 2007



La descarnada alegorización en "Espectador Invisible"
Ricardo Musse

“A pesar de las inútiles probabilidades
y aunque sea bendecida por los dioses
y este sea el acto final el amor es un/juego perdido”.
Amy Winehouse.

En “Hacia el final de mis días”, por la interlocutora y conmovida boca del hijo; la decrépita historia de un viejo es revelada, con amplia y denotativa brevedad alegórica, como inminente e inquietante: Viudo, con Marita –su infeliz hija- visitándolo sólo para que le dé plata (con lagrimones de caimán incluidos) y esa despiadada rutina que nos hará desembocar –no obstante y plenamente- hacia la muerte.

En el segundo cuento “es digno de elogio su atrevimiento para tratar un tema y una historia atípicamente piuranos, sin que uno pueda dejar de reconocer que el espacio en el que la historia transcurre es nuestra soleada Piura (aunque, irónicamente, en la historia ya no quede casi nada de ella). Ángel Hoyos logra ser osadamente original presentándonos una historia futurista, un relato que transcurre en marzo del año 2013. El cuento, por la profusión de imágenes apocalípticas, una ciudad -Piura- invadida inexorablemente por el hambriento desierto, en una trepidante tormenta de arena…, se pone mejor conforme uno avanza en su lectura. La capacidad de Ángel para adentrarnos en un espacio geográfico, en un clima, en una atmósfera ficticia que en ningún momento deja de ser creíble, lo que logra a base de una construcción acertada de paisajes y escenarios; el dominio de los diálogos y el sentido de la acción que nunca deja de discurrir…” (1).

Ese hedor insoportable que se va gestando (que emanándose se adhiere, de manera indeleble y penetrante, en nuestros apestosos corazones) representa la necrótica afectividad de la que estamos –pervertidamente- hechos; sin ninguna misericordiosa posibilidad para una redentora plenitud. Entonces todo -absolutamente todo- está destinado hacia la corrompida rutinización y hacia la irreversible pudrición del amor; puesto que esa desatada malevolencia nos reivindicará para habitar –de manera insalvable- dentro de los tortuosos abismos de la incertidumbre.

La guerra civil acontecida entre Sendero Luminoso y las Fuerzas del Orden es asaltada por la escritura objetivista de Ángel Hoyos: Martín Barrientos, destacado al Alto Huallaga, –quincenalmente con sus subalternos- frecuenta la cantina El Negrito. Entonces nos enteramos que el sargento es –como la inmensa mayoría de los soldados- un ser envilecido -hasta los tuétanos- por su adiestramiento castrense, vulgarizado por una perversa y maniquea visión de la realidad: Ese histórico desprecio hacia los Derechos Humanos que siempre han evidenciado las Instituciones Armadas del Perú.
En este cuento Ángel Hoyos rige, con insospechada maestría, la tensión dramática de los sucesos; suscita un develamiento contundente de la psiquis humana y –aspecto técnicamente portentoso- preventivamente, durante el dinámico curso argumental, esconde relevantes datos para situarnos dentro de una crispada puesta en escena, cuyo desenlace es sorpresivamente letal.

El sentido pleno del cuento “enjaulados” se decodifica –ahondándonos hacia sus connotativas entrañas- dentro de sus entretelones discursivos. Esas referencias ornitológicas que colman la atmósfera argumental tiñen nuestra alma de irredentos escalofríos, puesto que intuimos que alguna desgracia se nos vendrá (mientras sigamos leyendo) furiosamente encima. Ángel Hoyos construye sus historias con aconteceres extraordinariamente triviales, esclarecedoramente sustentadores de nuestra precaria existencia; engendrando una asfixiante estilística de la rutina que nos sobresalta –de manera insalvable- los abisales latidos, pues este mundo inmenso -perversamente diseñado- es esa gran jaula, hecha a nuestra medida.

Los inicios de los cuentos de Ángel Hoyos, no complicándose con revestimientos suntuosos, ni –mucho menos- con retorcimientos en la construcción textual; muestran (para nuestra expectante y coautora disposición) un enrarecimiento de referentes que impulsa, compulsivamente, a seguir discurriendo a fin de alcanzar el progresivo esclarecimiento de la temática. Entonces constatamos que una silente cabaña situada en el Valle del Colca se mimetiza, funestamente, con la vida de unos esposos; eclipsada ésta dentro de la insoportable vacuidad enunciativa, después de veinte años de compañía conyugal. Sin embargo, descubrimos –además- que sólo la ruindad impulsiva, la desgraciada indigencia afectiva, ese cielo indiferente a todo drama; solucionará, precariamente, las disfuncionales relaciones interpersonales.

“De viejos y plazas” está contado desde una penetrante perspectiva –dotado de ese recurrente tono malcriado y descarnado-, con un diestro encapsulamiento -en un mismo espacio discursivo- y entramados perfectamente e íntimamente adosados en una simultaneidad enunciativa, las voces autónomas de los personajes; así como la impiedad y la hilaridad verbal de la omnisciencia narrativa que goza –discursivamente- en enrostrarnos –cruelmente- la ingenua visión que se tiene de la senilidad como evolución existencial de sublime purificación e inmaculada sabiduría.

Claro que suele pasar que de pronto, dentro del subjetivo desciframiento que hacemos de la realidad, extrañas sensaciones nos van delirando (progresiva y misteriosamente) hacia una incuestionable certidumbre: Todavía en la insondable e infinita oscuridad algo roza –de modo escalofriante- nuestro atemorizado ser, aun después del imperfecto –y no tan liberador- despertar. Este cuento linda la perfectibilidad literaria porque–osadamente- se acomete un juego técnico extremadamente delicado y muy complejo –y, además, se hace instrumentando (patológico signo de un textual desdoblamiento) la perspectiva del Tú discursivo- como es el nivel de realidad.

En “Ojo en el cielo” queremos resaltar, ahora, el entretejido sapiencial de los diálogos: Precisos y minimalistas; frescamente estructurados, dotados de una coloquial y desenfadada sonoridad, como también su subyacente ontología discursiva de las contingencias. Y esas descripciones que parecieran que unas emotivas evanescencias les confirieran sus endotímicas textualidades. Sin lugar a dudas, Ángel Hoyos es un escritor pródigo en estrategias procedimentales, las que despliega –diestramente- según sus planes constructivos.

Unos amigos entrañables deciden remontar hacia la primera cima del cerro Vicús. Al mediodía, estos desprejuiciados y sarcásticos jovencitos, repulsivos de creencias supersticiosas, logran su –nada extraordinario- propósito. Empero, cuando ya se han encaminado hacia la otra sima, Arturo (increpando furiosamente a Tete) los abandona, perdiéndose de nuestra vista. A Tete (al que culpan por no recordar el derrotero de retorno), prendado de Sara (la manzana de la discordia, la que también se extravía misteriosamente), no le cae para nada Arturo. Añáz (el chulucanense de la collera) renegando de su cultura primigenia avala las referencias burlonas que hace Beto (atraído por Ana) del encantamiento. Pero maléficamente estos tres también desaparecen del espinoso escenario textual. Pareciera que todo esto es la discursiva vindicación de la atávica sabiduría de los espíritus ancestrales. Ángel Hoyos le saca la vuelta, de modo diversificado y sobresaliente, al tema costumbrista; abordándolo desde enriquecidos ángulos, engendrando –por lo tanto- un angustiante e infausto desenlace cuentístico.

El último cuento del libro constituye la despiadada radiografía (estructurado bajo la forma de montajes yuxtapuestos) del progresivo condicionamiento y domesticación por la que atraviesa –casi ineludiblemente- nuestra sensibilidad dentro de este implacable contexto de estereotipos mortalmente eficaces en nuestra resignada y alienada personalidad.

Los cuentos de “Espectador Invisible” (excepto el titulado “Frío” que contiene una estructuración extremadamente elemental, provisto –además- de descoordinaciones textuales) son la irremediable confirmación de la calidad escritural que pródiga la hornada “Magentiana” (cuyas voces más sobresalientes son -aparte de Ángel Hoyos- Josué Aguirre Alvarado, Eduardo Valdivia Sanz y Luis Gil Garcés), suscitándonos la certidumbre que el relevo generacional ya es una incontrovertible realidad (y el que quiera negarlo trasuntará una obnubilada disposición) dentro de la virtuosa tradición de nuestra evolutiva literatura piurana.
Sullana, 13 de octubre de 2 007.

(1) Lalupú Valladolid José Humberto. Reflexiones sobre I Selección Regional de Cuentos, Piura. En: El Blog de verduguillo de Josué Aguirre Alvarado. Piura, 2 006.



APUNTES A ESPECTADOR INVISIBLE
José Gabriel Sandoval

Espectador invisible, en blanco y negro, como anunciando el viaje a lo primitivo y a los rencores que portan hombres y mujeres.

En mi lectura resaltan La ciudad, la arena, Enjaulados, Deus ex maquinita, Viaje nocturno y Ojo en el cielo

La ciudad, la arena, relato futurista en la que la ciudad de Piura ha desaparecido a consecuencia de tormentas de arena. En dicho contexto un periodista busca captar la ciudad que se pierde. El personaje del cuento, un periodista, caza la escena final de la ciudad. Ya Vargas Llosa en La Casa verde, indicaba que la ciudad de Piura era asolada en las tardes por ventiscas que traían arena del desierto; Ángel Hoyos, transforma esa ya antigua invasión en tormenta de arena; pero el lector no va a presenciar ese hecho, los acontecimientos del texto son posteriores, y lo catastrófico y hasta truculento en la imaginación del escritor no es la ciudad enterrada, no, lo catastrófico está en el comportamiento humano, en la actuación final del personaje.

Respecto a Enjaulados, narración referida a la afición de un farmacéutico por la crianza de pájaros, entre los cuales resaltan los pericos de cabeza roja, el autor hace un paralelo entre la distribución de especies en la jaula y el comportamiento característico de cada una de ellas, con los eventos en la farmacia en la que labora papá. Sí, el personaje es papá, porque los personajes no tienen nombres, se les llama papá y mamá, periquitos australianos, piwichos, loritos de cabeza roja y los arroceros, es cierto la narradora es la hija, lo que justifica la nominación en los personajes, lo acogedor que le resulta decir papá o mamá; así como justifica el hecho de que la excepción a esta regla sea Margarita, la gorda, la insoportable compañera de labores de papá. Dicha Margarita-perico cabeza roja, causa con su descuido la muerte de algún cliente-periquito australiano, lo que atormenta a papá-dios-justiciero, llevándolo desde esa tan encumbrada categoría en el inicio del relato, a su transformación final en el más detestable de los cabeza roja.

En Deus ex maquinita, el escritor ya nos anuncia que la relación resquebrajada de una pareja de la tercera edad, será rescatada por un evento inesperado, por un as bajo la manga, aunque la última línea del texto nos dice que es una reconciliación sin final feliz. Una carta es la causante de la ruptura de la relación apacible de Antonio y su esposa y unas pastillas el adiós al amor.

Viaje nocturno, está referido a la pesadilla que atormenta al pasajero del asiento 22 de un bus interprovincial: Hay algo debajo del asiento. Hubiera preferido que el asiento sea el número 8, ¿por qué?, porque estamos atrapados en la pesadilla y no hay salida, es un mal sueño hecho para ser infinito, lo cual se comprueba por el hecho de que el primer y último párrafo del texto coinciden e invitan a pasar del final de la página 51 al inicio de la 49. En una reunión, en que intercambiaba sueños con unos amigos, uno de ellos señalaba que existía una teoría que indicaba que en el paso de simio a homínido, fueron los machos los que se aventuraron a pisar el suelo y tentar algo nuevo, siendo las hembras las que se quedaron cuidando las crías en la copa de los árboles, con lo que se explicaría el temor nocturno de la mujeres a ver debajo de la cama, y el de los hombres en sentir que alguien mira por detrás, al acecho; pero, en nuestro caso el personaje es varón nada da a pensar otra cosa, con lo cual, Ángel Hoyos, echó a perder la teoría escuchada entre copas, y eso hace el artista, ir por donde quiere sin atarse a nada.

Ojo en el cielo, es el texto que habría inspirado la creación de la ilustración de la tapa del libro, Eye in the sky, o texto originado a partir de la creación de la ilustración. Se narra, allí una venganza, su planificación y su puesta en marcha. Franca, junto con su ex enamorado, Andy, traman la destrucción de la vida de Celia; pero, en el camino Andy muere, algo que no se esperaba la adolescente Franca. Es una lástima que el basamento de este texto, sea una “chiquillada” como le dijo Andy a Franca cuando le propone la venganza, de repente una mejor motivación hubiera rescatado a este texto fallido. Fallido, no por el desarrollo de los hechos sino por lo que origina toda la catástrofe. Es un texto que aspiraba a algo mayor.

En conclusión se puede agregar que Espectador Invisible, es un conjunto de textos que invitan a pensar sobre lo truculento y lo retorcido que también es parte de nuestra naturaleza. El balance final después de su lectura es favorable.

***

Finalmente, dejo los links a las críticas hechas por Josué Aguirre Alvarado y Julio Carmona, publicadas en sus respectivos blogs. El comentario hecho por Teresa Menor lo colgaré aparte debido a su extensión (y por develar el final de varios de los cuentos). Y eso es to, eso es to, eso es todo sobre éste, el primer libro mío de mí. Ya vendrán más...

P.D. He agregado el link del blog Mester de Obrería del escritor Julio Carmona en la barra lateral, pueden darse una vuelta por allí.

P.D.2 A los interesados en dejar otras críticas pueden hacerlo a través de los comentarios de este post.

P.D.3 Alguien que pueda confirmar si llegaron a mencionar (aunque sea de taquito) algo de mi libro en el Vano Oficio?

1 comentario:

Mamá de 2 dijo...

Te extraño!